
Nació el 2 de Agosto de 1938 en Tacuarembó, Uruguay. Ingresó en la Escuela Nacional de Bellas Artes en 1964 y se especializó en escultura con el escultor catalán Eduardo Yepes. A su conocimiento añadió Arqueología, Antropología y un curso de soldadura de la Facultad de Ingeniería.
Realizó viajes de estudio por América del Sur, especialmente en Chile, Brasil, Perú y Bolivia. Más tarde se dirigiría a México, Europa y África y se establece en Madrid de 1977 a 1985.
Vivió entre España y Uruguay. Tres años dedicado a la ordenación y clasificación de las colecciones arqueológicas del Museo del Indio y del Gaucho de Tacuarembó en Uruguay.
Colaboró con el maestro Eduardo Yepes en el gigantesco mural del Palacio de la Luz en Montevideo y en 1972 realiza su primera exposición. En 1973 realizó varias investigaciones arqueológicas en el Alto Amazonas junto con una expedición científica del Instituto Aystettstrebe de Frankfurt.
En 1977, debido a la dictadura muchos de sus compañeros artistas fueron exiliados y otros desaparecidos, por lo que no volverá a su país en 5 años. Más tarde conocería al pintor W. Barcala, y a los escritores M. Benedetti y Antonio Larreta en Madrid.

La escultura ha sido siempre el eje central de su obra, especialmente en bronce, donde desarrolla piezas de gran fuerza matérica y un sentido profundo del volumen. Esa misma búsqueda lo llevó a experimentar con cobre pujado, una técnica poco habitual que combina golpeado, relieve y pátinas creando superficies vivas, llenas de matices, que muy pocos artistas contemporáneos han explorado con tanta dedicación.
Su lenguaje visual oscila entre lo figurativo y lo abstracto, creando un territorio propio donde conviven gesto y símbolo. En sus pasteles y pinturas, la línea y el color adquieren una energía impulsiva, pero siempre reconocible como parte de su sello personal. Mucho de ese universo nace de su interés por la arqueología y por los orígenes de la naturaleza: formas primitivas, rastros, capas, pigmentos, huellas que parecen encontrarse más que representarse.
La sabia estilización de las formas con las que llega a los últimos términos de la representación, armonía de las pátinas que van desde el brillo del oro a las superficies oxidadas y a lo limpio de la madera.
Dibujos más realistas que las esculturas, pero perdidos en el misterio. Mucho mas naturalista como dibujante que como escultor, mas fiel a la realidad de las formas.
MARINO ANTEQUERA